Las semanas anteriores, estando de visita en México para asistir a diversos eventos académicos, salió a la conversación el tema del examen de selección que se aplicó a una parte de los egresados de las escuelas normales--encargadas de preparar a los docentes. Los resultados del examen fueron abrumadores. Dos tercios de los docentes no aprobaron la prueba. Todos estos aspirantes a una vacante han sido formados en modalidades equivalentes a la universitaria, con altos niveles de gasto por parte del Estado.
Resulta sorprendente que recién a estas alturas, en cualquier parte de América Latina, nos demos cuenta de que los profesores no están bien preparados. La política educativa se ha ocupado poco de este tema. La formación docente ha sido frecuentemente coto para pingües negocios privados o para el amasamiento de poder por parte de los sindicatos docentes (al menos en México). La preocupación nunca ha estado centrada en la calidad de la formación docente.
Las líneas generales del Plan INICIA de Chile parecen adecuadas. Sin embargo, es esperable que una buena proporción de docentes no aprueben el examen. ¿Qué haremos en ese caso? ¿Se bajarán los estándares o se restringirá la oferta de profesores? Es necesario anticipar los posibles efectos de corto plazo del examen de habilitación, pues las medidas que apuntan a mejorar la calidad de la formación sólo podrán tener efectos en el largo plazo.

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