Para emitir
un juicio evaluativo de un aspecto de la realidad es siempre necesario hacer
una comparación. Las comparaciones pueden ser entre una situación en dos
momentos distintos de tiempo, entre dos situaciones o entre una situación y un
estándar externo.
Al evaluar
el eventual rechazo de la LGE
en el Senado, es preciso llevar a cabo varias comparaciones para conseguir una
visión ecuánime del problema. Una forma de verlo es que de no aprobarse la LGE nos quedamos con la
LOCE. Esto urgiría a aprobar la LGE. Otra perspectiva es
que de aprobarse la LGE,
que no propone alteraciones de fondo a la estructura del sistema escolar, se
está perdiendo la oportunidad de cambiar el rumbo de la educación en Chile. En
esta visión, es indispensable invertir más tiempo en plantear una
transformación profunda del sistema escolar. Un punto de vista adicional es que
el marco regulatorio de la educación debiera responder a los intereses del 70%
de ciudadanos que consistentemente opinan que las escuelas deberían estar bajo
la responsabilidad del Ministerio de Educación. Así, la ley debería evaluarse
por cuanto cumple con las expectativas ciudadanas. También se puede pensar que
ni la LOCE ni la LGE son importantes para
mejorar la equidad en los resultados educativos en Chile. De acuerdo a esta
línea de pensamiento, el debate sobre el marco regulatorio de la educación es
fútil.
Los
resultados de PISA muestran que Chile es el segundo país donde mayor peso
tienen las desigualdades sociales en el aprendizaje en el mundo--sólo detrás de
Bulgaria. Claramente, el esquema de organización del sistema educativo se
encarga de segregar a la sociedad y organizar las oportunidades de aprendizaje
en función del origen social de las personas. Es más que plausible pensar que
la institucionalidad de la educación debe ser cambiada de fondo, puesto que
plantea reglas del juego muy distintas para los establecimientos públicos y
para los particulares subvencionados. Si para cambiarla hay que esperar un
poco, es mejor que esperar otros cien años a tener una discusión sobre la ley
que rige la educación.
Se ha
afirmado que la propuesta de la
LGE se discutió intensamente. Es cierto, pero el diálogo no
fue garantía para generar una propuesta de ley de amplia aceptación. Solamente la Alianza y una parte de la Concertación han
apoyado esta iniciativa en el Congreso. Los profesores no la apoyan, los
estudiantes tampoco, los ciudadanos quieren que las escuelas vuelvan al
Ministerio. Todos ellos intuyen que deberían lograrse cambios más profundos en
la educación, para convertirla en un verdadero instrumento de movilidad social
para la población más desfavorecida de Chile, es decir, para el 40% de nuestros
ciudadanos.
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