Igual que el poeta Cavafis en aquel famoso poema se pregunta: y ahora que los bárbaros no llegaron, ¿qué será de nosotros?, yo me pregunto hoy: y ahora que aparece un indicador social favorable para Chile, ¿qué vamos a hacer?
Efectivamente, Chile obtiene el primer lugar entre los países de América Latina y el Caribe en un nuevo Índice de Oportunidades Humanas construido por el Banco Mundial, cuyos principales resultados he sintetizado aquí.
Dado que un componente central de este Índice son las oportunidades educacionales y su distribución, lo más probable es que caiga como un balde de agua (caliente) sobre el frío escepticismo con que habitualmente apreciamos nuestros progresos educacionales. Nos hemos acostumbrado, en efecto, a despreciar los avances bastante espectaculares logrados por la educación chilena durante las últimas dos décadas.
La reacción frente a las buenas noticias es, por tanto, levantar una ceja y sonreír en sordina: "como si no supiéramos que nuestra educación está en crisis, enferma de bajo rendimiento, carcomida por la segmentación y aplastada bajo el peso de las desigualdades".
Entonces, ¿qué podemos hacer ahora?
¿Disparar sobre el nuevo Índice antes de haberlo leído siquiera, para qué decir entendido?
¿Acusarlo de errores metodológicos?
¿Desacreditarlo porque proviene del Banco Mundial?
¿O sencillamente pasarlo por alto, como bien podría proceder la prensa, poco amiga de difundir información que se contrapone con sus propios diagnóstico, su visión ideológica o con las "cejas levantadas" de la opinión pública?
El Informe publicado ayer bajo la forma de un libro de alrededor de 200 páginas contiene además un breve e interesante capítulo relativo al efecto de las desiguales oportunidades educativas sobre el rendimiento de los alumnos.
En efecto, examina la desigualdad de oportunidades para el rendimiento educativo de niños de 15 años de edad en cinco países de América Latina (Brasil y México, Argentina, Chile, y Perú). Estas mediciones se hacen utilizando datos internacionalmente comparables con los países de la OCDE a partir de pruebas de nivel estandarizadas para lectura y matemáticas, del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA).
Para este efecto, la desigualdad total observada se descompone en dos partes: una generada por las circunstancias que están fuera del control de la persona, y la segunda relacionada con los esfuerzos hechos en la adquisición de la educación, así como la suerte, el error de medida, y aquellos componentes de talento innato que no están correlacionados a las circunstancias observadas. Los datos contienen cinco variables de circunstancia: el género del niño, el nivel educativo del padre, el nivel educativo de la madre, la ocupación principal del padre, y el tipo de área donde está ubicada la escuela. Con la notable excepción de la raza (que no está disponible en los datos de PISA), estas son las mismas variables que se utilizaron para la medición de la desigualdad de oportunidades económicas.
Las muestras de los examinados son representativas de las poblaciones de los alumnos de 15 años de edad que asisten a clases. Las muestras no son, por lo tanto, representativas de la población total de personas de 15 años de cada país, ya que los que abandonaron la escuela no fueron testeados.
Los datos sugieren que en los países 5 países latinoamericanos incluidos en este punto el estudio entre 14 por ciento y 28 por ciento de las desigualdades en rendimientos de lectura pueden imputarse al conjunto de cinco circunstancias: género, nivel educativo de la madre, nivel educativo del padre, ocupación del padre, y ubicación geográfica de la escuela.
En el caso de un grupo de países de la OCDE, en tanto, la proporción de desigualdad en los rendimientos de lectura representada por las mismas circunstancias se estima en un rango que va de 12 por ciento en Canadá a 27 por ciento en Alemania.
Luego, las estimaciones para los países latinoamericanos son más altas que el promedio de la OCDE, pero bastante dentro del ámbito de los países de ese grupo. Son más bajos en Canadá, los países escandinavos (Finlandia y Suecia) e Italia; intermedios en Francia, España, Gran Bretaña y Estados Unidos, y más elevados en Alemania.
En suma, comparado con los países avanzados, la media de los países de América Latina parece ser más desigual en oportunidades, con cerca de 20 por ciento del total de desigualdades imputables a las circunstancias, mientras que en el típico país avanzado, la cifra es 15 por ciento. En Alemania y Estados Unidos, los niveles relativos de la desigualdad de oportunidades son iguales a (o están por encima de) los que se observan en América Latina. Sin embargo, en términos absolutos, Perú y Argentina tienen los mayores niveles calculados de desigualdad de oportunidades, y los países latinoamericanos tienen niveles más altos de desigualdad de oportunidades educativas que cualquiera de los países de la OCDE, con la excepción de Alemania.
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ESPERANDO A LOS BÁRBAROS
C. Cavafis (1863 - 1933)
-¿Qué esperamos reunidos en el ágora?
Es que los bárbaros van a llegar hoy día.
-¿Por qué en el Senado tal inactividad?
¿Por qué los Senadores están sin legislar?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
¿Qué leyes van a hacer ya los Senadores?
Los bárbaros cuando lleguen legislarán.
- ¿Por qué nuestro emperador se levantó tan de mañana, y está
sentado en la puerta mayor de la ciudad sobre el trono, solemne,
portando la corona?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
Y el emperador esperar recibir
a su jefe. Y más aún ha preparado
un pergamino para dárselo. Allí
le escribió muchos títulos y nombres.
-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron
hoy con sus togas púrpuras, bordadas;
por qué se pusieron brazaletes con tantos amatistas,
y anillos con magnificas, brillantes esmeraldas;
por qué toman hoy día valiosísimos bastones
en plata y oro espléndidamente labrados?
Porque los bárbaros llegarán hoy día
y tales cosas deslumbran a los bárbaros.
-¿Por qué tampoco los valiosos oradores no acuden como siempre
a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?
Porque los bárbaros llegarán hoy día;
y los aburren las elocuencias y las arengas.
-¿Por qué comenzó de improviso esta inquietud
y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto.)
¿Por qué rápidamente se vacían las calles y las plazas
y todos regresan a sus casas pensativos?
Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.
Y unos vinieron desde las fronteras
y dijeron que bárbaros ya no existen.
Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.
Los hombres esos eran una cierta solución.