La PSU se presentó en su momento como la panacea para
reducir las brechas en el acceso a la universidad entre ricos y pobres, que se
decía, eran causadas por la antigua Prueba de Aptitud Académica. Se suponía que
al tener una prueba de selección para la universidad alineada al currículum,
ésta otorgaría similares oportunidades de entrada a todos los estudiantes,
independientemente del colegio de donde provengan. La argumentación fue
ingenua, pues los resultados en las pruebas de aptitud y las de contenido
general suelen estar íntimamente relacionados.
Este es otro ejemplo lamentable de la apuesta equivocada de confundir la
evaluación con medidas concretas de política. No existe ningún examen que ayude
a disminuir las brechas educativas provocadas por las amplias disparidades
sociales de Chile. Sin embargo, las pruebas son una salida fácil que abre la
puerta para asignar la responsabilidad a los estudiantes por sus puntuaciones.
Si bien es cierto hay algo de responsabilidad de los estudiantes, el peso de
las condiciones sociales y de la segregación social en nuestro sistema escolar
es enorme.
Por ello, deberían tomarse medidas concretas para mejorar el ingreso a las
universidades más prestigiosas de los estudiantes de clases más desfavorecidas.
Brasil nos ha dado un ejemplo promisorio en los últimos días. La mitad de la
matrícula en las universidades federales estará reservada a los estudiantes
provenientes de escuelas públicas. Antes ya se tomó una medida parecida para
admitir a estudiantes afrodescendientes. Se trata sin duda de medidas concretas
para que la educación cambie la configuración social en el mediano y largo
plazo.
En Chile, las universidades, públicas y privadas, empiezan a tomar tibias
medidas en este sentido. Algunas "adoptan" estudiantes o colegios que
atienden a poblaciones desfavorecidas desde la educación media. Otras le dan
especial valor a las notas de la educación media en contraste con la PSU. En
fin, estamos tomando incipientes medidas para que la educación se transforme en
una vía de movilidad social. Necesitamos llevarlas a cabo con mayor fuerza, para
que la educación no pierda terreno contra alternativas como el narcotráfico y
la delincuencia organizada, tal como ha ocurrido en otros contextos de América
Latina.
PSU: promesas rotas y medidas concretas
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