En
1981, año en que se descentralizó la educación pública, el 78% de los
estudiantes asistían a las escuelas municipales, 14% asistía a colegios particulares
subvencionados y otro 8% asistía a particulares pagados; hoy la matrícula municipal
representa solo el 45% de la matrícula total.
Esta drástica caída, se debe en gran parte al abandono de la clase media,
quienes perciben, correctamente o incorrectamente, que la educación particular
es de mejor calidad.
En
un sistema educacional mixto, como el chileno, es fundamental contar con una educación
pública de calidad para enriquecer la diversidad de la oferta educacional que tienen
las familias de todos los sectores para escoger. Con este objetivo en mente, la Presidenta envió
al Congreso esta semana un proyecto de ley para el fortalecimiento de la
educación pública. La iniciativa
legislativa tiene algunos aspectos positivos y otros discutibles.
El
aspecto más positivo propone crear una institucionalidad (corporaciones públicas
de objeto único educacional) que permitiría mejorar la calidad de los equipos
técnicos y pedagógicos que gestionan la educación pública y aislar las
decisiones técnicas de la política. Actualmente las leyes laborales hacen difícil atraer
a profesionales de buen nivel técnico a los municipios y los alcaldes utilizan
un criterio más político que técnico para seleccionar al director de educación
(DAEM). El proyecto propone que cada corporación
pública cuente con un Director Ejecutivo seleccionado por el sistema de Alta
Dirección Pública.
Mientras
la nueva estructura de la educación pública es un avance para mejorar la
capacidad técnica de la administración educativa local, es un retroceso en
términos de establecer la responsabilidad sobre la calidad de la educación (accountability). Actualmente, la responsabilidad política está
claramente definida: el alcalde está formalmente a cargo de la educación
pública. Si los residentes de una
comuna no están conformes con la gestión de la educación municipal, pueden usar su voto para remover al alcalde
en la siguiente elección. Mientras no
existan estudios en Chile sobre este tema, la evidencia internacional sugiere
que los alcaldes que asumen la responsabilidad por la educación de su ciudad
sienten una presión política y tienen mayor disciplina organizacional para
mejorar la gestión educacional.
La
iniciativa legislativa del gobierno propone disminuir el rol del alcalde en la
toma de decisiones educacionales. Las
corporaciones contarán con un Consejo Directivo, compuesto por el(los)
alcalde(s), un número de concejales y dos representantes elegidos por el Mineduc. Este
Consejo tendrá como atribuciones principales nombrar y remover al Director
Ejecutivo y aprobar el plan de trabajo y presupuesto anual de la Corporación. En esta estructura, con varias personas en el
Consejo y que, en muchos casos, significará un crecimiento territorial de la
educación, los alcaldes no van a sentir presión política para preocuparse de la
calidad de la educación pública de su comuna, pues la responsabilidad del
fracaso se diluye entre los miembros del Consejo, y los esfuerzos propios para
lograr resultados exitosos pueden ser apropiados por el resto.
Entonces,
si se quiere fortalecer la educación pública, debemos entregar mas recursos y mejores
equipos técnicos a quien pueda responder por su administración, transparentando
la responsabilidad política de los alcaldes frente a los padres, estudiantes,
docentes y ciudadanos.

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