Hace poco, como parte de un estudio sobre la oferta
educacional en Chile, entrevisté a un director de una escuela básica ubicada en
un barrio marginal de la capital. La mayoría
de sus 250 estudiantes - quienes entraban durante la entrevista a saludarlo afectuosamente
- son clasificados por el Mineduc como vulnerables, es decir, son alumnos de
escasos recursos. La misión de la
escuela, según el director, era de servicio e inclusión de los más pobres. El
proyecto educativo, según leía el folleto de la escuela, era laico, plural y
humanista y no seleccionaba alumnos. La
escuela tenía alumnos ciegos, con síndrome de down e incluso, en una época, un alumno con sida.
La misión de este colegio concuerda bastante con la visión
de una escuela pública que tiene la Presidenta Bachelet -a quien este director
claramente admiraba por el tamaño de la foto de ella que tenía colgada arriba
de su escritorio. Por ejemplo, la
Presidenta declaró en un discurso el 2 de diciembre - el día que firmo el
proyecto de ley de fortalecimiento de la educación pública - que "Chile
requiere de una educación pública robusta, humanista, laica, gratuita y de
calidad, porque ella es la principal fuente de cohesión social." La única parte de esta definición de una escuela
pública que no cumple la escuela que visité, era que no dependía de una
municipalidad, sino de un sostenedor privado y con fines de lucro. Y esta
escuela no es un caso aislado. Actualmente, más de un 75% del total de colegios
particulares subvencionados (que representan casi 47% de la matricula) son
laicos, 21% católicos y un 4% son
evangélicos Además, según las cifras del
Mineduc, uno de cada cuatro alumnos vulnerables (30% de la matrícula nacional
es clasificada como vulnerable) asiste un colegio particular, muchas veces
laico.
Según anunció la Presidenta, el objetivo del proyecto de ley
era "dar un trato preferente a los establecimientos públicos." En esa
línea, propone la creación del Servicio Nacional de Educación para proveer el
soporte técnico pedagógico prioritariamente a las escuelas públicas. Esta
iniciativa no solo excluiría a los colegios
particulares subvencionados con una misión
valórica laica y humanista sino también a los que atienden a los alumnos
más pobres del país.
Dar un trato preferente a las escuelas públicas, como
propone el proyecto de ley de fortalecimiento de la educación publica, es dar
la espalda a muchas familias pobres que eligen un colegio particular, similares
al que visité, que inculcan los mismos
valores de la educación pública que valora la Presidenta.

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