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La educación pública como eslogan
José Joaquín Brunner
El Mercurio,  16 agosto 2009

 

En estos tiempos de campaña electoral hay una consigna que parece suscitar un acuerdo unánime: fortalecer la educación pública. Se trata, sin embargo, nada más que de un consenso aparente; aquel que generan los eslóganes, esas breves fórmulas utilizadas por la publicidad comercial o con fines de propaganda política.

En efecto, quienes proclaman la necesidad de fortalecer la educación pública aspiran en realidad a muy distintos, y a veces contradictorios, objetivos. Unos proponen devolver su provisión al nivel central, al Ministerio de Educación; otros, en cambio, prefieren una provisión descentralizada a nivel de los municipios, mientras algunos favorecen soluciones intermedias de nivel regional, provincial o intercomunal.

Algunos postulan el fortalecimiento de la educación pública por la vía de reservar para los colegios municipales una cuota de mercado; otros, por el contrario, intensificando la competencia. Hay quienes, para tal efecto, favorecen flexibilizar el estatuto docente, mientras otros rechazan tajantemente esta posibilidad. Unos quisieran ampliar y profundizar la evaluación del desempeño de los profesores; otros, eliminar tales prácticas por estimarlas contrarias al concepto de la función pública del profesor. Existen partidarios de financiar directamente a las escuelas públicas mediante un subsidio fiscal, solución objetada por quienes prefieren, en cambio, financiarlas mediante una subvención otorgada en relación con los alumnos que asisten.

En suma, todos declaran la importancia de fortalecer la educación pública, pero no existe acuerdo alguno sobre el significado del objetivo propuesto ni sobre cómo alcanzarlo.

Más al fondo aún, no hay concordancia sobre qué se debe entender por educación pública en un régimen de provisión mixta como el chileno. ¿Es pública únicamente aquella educación provista por los municipios? ¿O es más bien pública toda aquella educación subvencionada por el Estado, con independencia de quién sea su sostenedor o proveedor? ¿Debe la educación pública ser gratuita sin excepción o pueden los padres contribuir a su financiamiento?

El hecho, en cualquier caso, es que en Chile hay dos sectores de provisión educacional obligatoria y subsidiada por el Estado que tienen un peso similar en la matrícula escolar. Ambos se sujetan a unos mismos objetivos y contenidos curriculares, a un mismo régimen de estudios, a las mismas pruebas y evaluaciones, administran exámenes similares y otorgan los mismos certificados educacionales.

¿Cabe imaginar entonces que sólo uno de ellos ofrece educación pública? ¿Resulta razonable postular que sólo uno debería ser fortalecido, en desmedro del otro donde concurre un número igual de niños y jóvenes chilenos? ¿Cuánto más puede mantenerse la ficción de que lo público es un atributo del proveedor o sostenedor y no una función intrínseca de la educación obligatoria ofrecida? ¿Hasta cuándo se esgrimirá esta concepción dualista y puramente burocrática de la educación que, inevitablemente, conlleva el riesgo de separar a los estudiantes chilenos en dos estamentos o castas, como ya ocurre a nivel universitario, donde únicamente aquellos que se matriculan en cierto tipo de universidades (del Consejo de Rectores) tienen acceso a un crédito subsidiado, mientras los demás deben contratarlo en condiciones menos favorables?

En tanto no se responda con claridad a estas cuestiones de fondo, y no se llegue a acuerdo frente a ellas, la mera reiteración de eslóganes -como aquel de fortalecer la educación pública- no pasará de ser un débil eco en medio de la cacofonía electoral.

La Ministra de Educación ha planteado la nececsidad de incrementar los impuestos si se desea destinar un  mayor gasto a la educación superior [Ver crónica de prensa más abajo]

Mi opinión

Me parece a mí que lo primero y más importante es hacer una reingeniería del financiamiento público de la educación superior.

Hay que crear un modelo de financiamiento más racional y más equitativo para los alumnos, para las instituciones y para la investigación.

En seguida hay que asegurar que ese modelo incentive el uso eficiente de los recursos.

En tercer lugar, hay que dar transparencia al modelo de financimianto y hay que exigir mayor información, rendición de cuentas y logros de las universidades.

Recién después de esta completa reingeniería habrá que ocuparse de aumentar los recursos destinados a la educación sueprior y, para eso, analizar las fuentes posibles. Lo demás es poner la carreta delante de los bueyes y entraña el riesgo de hacer mal uso de recursos escasos.

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Titular de Educación propuso anteayer aumentar tributos en comisión del Senado: Controversia genera idea de ministra Jiménez de subir impuestos para educación superior
El Mercurio, 12 agosto 2009

Mundo académico recibió con escepticismo el planteamiento. Rectores y expertos sostienen que una mayor inyección de recursos debe ir aparejada con un proyecto claro para mejorar la calidad. 

EQUIPO DE CRÓNICA
La propuesta de la ministra de Educación, Mónica Jiménez, de aumentar los impuestos para financiar la educación superior generó reacciones encontradas en el mundo académico y parlamentario.

Anteayer, durante el seminario "Desafíos de la Educación Superior en el Siglo XXI", realizado por la Comisión de Educación del Senado en Valparaíso, Jiménez sostuvo que Chile tendrá que apostar por un alza en los tributos para mejorar el sistema de enseñanza superior "porque es efectivo que se necesitan más recursos (...) El país se la puede jugar porque hay consenso que no habrá desarrollo si no invertimos en capital humano avanzado y técnico", según indicó en el diario La Segunda.

Si bien la ministra reconoció que no se trata de una propuesta que haya sido conversada oficialmente, y que no es un tema que será abordado por el gobierno de la Presidenta Bachelet, afirmó que independientemente de los buenos resultados del cobre, proyectados para los próximos años, la educación superior necesita de una importante inyección de recursos.

Jiménez, quien optó por no explicar más detalles de su propuesta ante el requerimiento de "El Mercurio", dijo que ve el asunto como un tema de "solidaridad".

Para el mundo académico, en tanto, la idea de la ministra no iría por la senda correcta.

Ex rectores de universidades y otros expertos sostuvieron que la calidad en la educación superior no se resuelve sólo aumentando los recursos para el sistema, sino que usándolos eficientemente (ver nota relacionada).

El senador Carlos Cantero, integrante de la Comisión de Edu cación y quien estuvo presente anteayer en el seminario, afirmó que estaría dispuesto a discutir el tema "si se tratara de una política nacional, cuestión que este Gobierno no alcanza a hacer. Quizás si se pudiera implementar un punto, por ejemplo, de los tributos destinados exclusivamente para la educación".

"Me gustaría que a las empresas se les permitiera descontar impuestos si aportan a la educación chilena. Me gustaría que a los padres de clase media se les dejara descontar tributo cuando es para pagar su arancel de matrícula, porque la educación impacta muy fuerte en el presupuesto de la familia y, particularmente, en la clase media. Entonces me parece una idea interesante", dijo el senador Cantero.

Por su parte, el presidente de esta comisión, Juan Pablo Letelier, opinó a La Segunda que "se ha planteado un tema que va a requerir de una respuesta clara: si se puede dar un salto en la educación superior sin inyectar una cantidad de recursos relevantes nuevos. Yo vengo proponiendo hace tiempo una reforma tributaria exclusiva para la educación".

 

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