Carlos Peña, en su columna semanal en El Mercurio que adjunto abajo,
sostiene que el discurso de Piñera del 21 de mayo tiene una orientación
clara de derecha. Por ejemplo, destaca dos de las medidas en
educación: la elección por parte de los padres y los liceos de
excelencia. Voy a enfocar mi comentario en la medida que propone
fomentar la elección por parte de los padres; los liceos de excelencia
ya han sido muy discutidos y criticados, y comparto la crítica de
Peña.
Para promover la elección por parte de las familias, el Presidente va a enviar una carta con un mapa de los resultados de todas las escuelas de la comuna del colegio de todos los apoderados del sector subvencionado.
Más alla de si la medida es ideológica o no - incluso creo que es muy sensato mejorar la información para los padres dado que Chile tiene un sistema de mercado educacional que los padres valoran - el problema fundamental es el detalle de su propuesta.
Ayer el Ministro de Educación anunció cómo van a entregar a los padres los resultados de SIMCE para mejorar sus elecciones. Según señala, "el mapa indicará la ubicación de todos los colegios de la comuna correspondiente y, en base a colores, los resultados de la prueba Simce. Se asignarán puntos rojos a los colegios que estén bajo el promedio nacional, puntos amarillos a los que estén en el promedio y puntos verdes a los establecimientos que se encuentren sobre el promedio nacional." Ver www.mineduc.cl
El problema es que el promedio del SIMCE no es un buen indicador de la efectividad de una escuela porque, sobre todo, está altamente correlacionado con el nivel socioeconómico de los alumnos del establecimiento (y otros factores externos de la escuela). El Ministerio va a pintar rojo (y estigmatizar) a los colegios "malos" por atender a alumnos más pobres (o menos motivados) y sugerir que son menos efectivos que otros que son menos pobres y más aventajados (o más selectivos). Cuesta entender por qué el Ministro decidió usar promedios y no crear otros indicadores (que son menos ruidosos) que muestran el progreso del establecimiento. Por ejemplo, podría haber usado la clasificación de la Subvención Preferencial (o lo que propone la ley de aseguramiento de calidad) que intenta controlar por NSE y mira el progreso de la escuela.
Otra medida complicada que vale la pena destacar es el otorgamiento de premios e incentivos para aquellos alumnos, escuelas y profesores que logren mejorar notoriamente sus rendimientos en el SIMCE.
El problema con usar SIMCE para asignar recursos y premiar escuelas y docentes es que no es un instrumento preciso. El público (y parece que el Ministro Lavin) cree que SIMCE tiene alguna validez científica, como un termómetro, que no la tiene. SIMCE (como todas las pruebas) tiene un margen de error, similar a las encuestas de opinión pública. El mismo alumno puede lograr distintos puntajes cuando toma la misma prueba en distintas oportunidades. Este ruido estadístico puede afectar el puntaje de un curso (o una escuela). Por ejemplo, si un grupo de alumnos está resfriado el día de la prueba, o si un perro ladra afuera de su sala de clase durante la prueba, o si el profesor no tiene buena química con el curso. En suma, muchos factores que no tienen nada que ver con la efectividad de la escuela pueden afectar el cambio del puntaje del SIMCE.
Y si se va a utilizar SIMCE para asignar recursos, los expertos indican que las escuelas (y cursos) deben tener un mínimo número de alumnos (ojala sobre 40) por cohorte para poder reducir el ruido estadístico entre pruebas. Si no, aumenta el riesgo de clasificar mal a las escuelas y profesores. El problema es que la mayoría de las escuelas en Chile son chicas. Hay un paper publicado en American Economic Review por Miguel Urquiola y otros economistas que ilustra el problema con los programas focalizados en Chile que usaron el SIMCE para clasificar las escuelas deficitarias.
http://www.columbia.edu/~msu2101/ChayMcEwanUrquiola%282005%29.pdf
También hay otro paper de Urquiola, Mizala y Romaguera publicado en otra revista de Economía que también muestra los problemas con usar el SIMCE para rankear escuelas.
http://www.columbia.edu/~msu2101/MizalaRomagueraUrquiola%282007%29.pdf
También ver el paper más reciente de Jesse Rothstein, economista de UCBerkeley, sobre los problemas complejos con usar pruebas como SIMCE para medir el valor agregado de profesores. Rothstein sostiene que, como los profesores y alumnos no son asignados aleatoriamente a sus cursos, es muy difícil atribuir el logro de una prueba a la efectividad del profesor.
http://gsppi.berkeley.edu/faculty/jrothstein/jesse-rothstein
Este tema requiere mucho mayor reflexión y análisis.
Gregory
http://www.cpce.cl/educar/
---------------------------
Un mensaje ideológico
Carlos Peña
El discurso del 21 de mayo dejó ver el puñado de ideas que, simplificadas a más no poder y bajo la forma de ideología, orientan a la derecha.
Desde luego, está la convicción de que si usted remunera una cierta conducta, la gente tenderá a realizarla. La muestra más notable, y cercana a la caricatura, de ese prejuicio (cuyo origen está en la economía neoclásica), fue el anuncio de un bono para quienes sostengan su matrimonio por medio siglo. ¡Piñera presentó la idea como una forma de promover la familia!
¿Habrá alguien que piense, de veras, que ese bono ayudará a disminuir eso que Baudelaire llamó el "horror doméstico"? ¿Alguien que a la vista de un bono pueda tolerar el hastío con que la vida lo maltrata? El anuncio de Piñera fue un ejemplo de cómo una buena idea (la de usar incentivos en las políticas públicas) puede ser transformada por el apuro retórico en una simple estupidez.
En materia de educación apareció otro de los rasgos ideológicos que inspiran a Piñera.
La derecha piensa que la buena educación depende, en una medida importante, de la elección familiar. Es la vieja idea de Friedman: si usted tiene un mercado abierto de proveedores educativos y deja a la gente escoger, los padres sancionarán las malas escuelas y matricularán a sus hijos en las de mejor desempeño. Esta idea inspiró parte importante de los anuncios educativos de Piñera.
Parece una idea sensata, pero a poco de analizarla se descubre un error. Como la literatura muestra hasta el hartazgo, la familia es una de las principales causas de la desigualdad escolar (puesto que la familia transmite redes, capital cultural, habitus y ese tipo de cosas). ¿En virtud de qué la causa de un problema podría ahora, repentinamente, transformarse en la solución? La famosa frase del Parsifal -la mano que inflige la herida es la misma que la cura- no se aplica desgraciadamente en educación.
La idea de los liceos de excelencia muestra también otro rasgo ideológico de interés.
Es verdad que si existieran colegios de excelencia habría una mayor cantidad de alumnos talentosos y sin recursos que podrían aspirar al éxito (medido por su acceso a cupos universitarios valiosos). Pero ocurre que una medida como esa -que Piñera anunció- simplemente descremará al sistema público: concentrará, mediante la selección por rendimiento, a los más talentosos y resilientes, y aislará a los más deprivados; dará a los que tienen y quitará a los que no tienen. ¿En qué sentido una medida como esa corrige la desigualdad? Sólo si usted piensa que el rendimiento escolar es producto de la voluntad del alumno (y no, en su mayor parte, reflejo de dotaciones involuntarias) esa es una medida justa.
En fin, el tema de la seguridad pública mostró otra característica de la ideología que inspiró el discurso.
La derecha piensa que una de las claves del incremento de la inseguridad es la existencia de demasiadas garantías. Entre ellas se contaría la defensa penal pública. ¿Acaso -parece preguntar Piñera- no es el colmo que el Estado financie la defensa de quienes delinquen y en cambio deje indefensa a las víctimas? Es lo que subyace en el anuncio de la creación de una defensoría de las víctimas.
Ese punto de vista descansa en un malentendido. El Estado ya financia la persecución penal (esa es la tarea de la fiscalía). Y cuando paga la defensa de los imputados lo hace para legitimar el castigo. El Estado de Derecho consiste en eso: en respetar con escrúpulo las reglas a la hora de aplicar la coacción. Así, entonces, no es que el Estado esté del lado de los delincuentes (como sugiere Piñera cuando anuncia que ahora se pondrá del lado de las víctimas). Simplemente está del lado de la ley.
Y no hay pragmatismo que pueda relativizar eso.
Pero si esos anuncios muestran los rasgos ideológicos de la derecha, hubo un gesto que los subraya hasta el hartazgo: junto a la tontera de las bodas de oro, Piñera guardó silencio sobre las parejas gay. Un buen gesto para el conservantismo, pero un engaño para todos los interesados en las libertades, quienes, creyendo lo que oyeron en la campaña, votaron por él.
--
Gregory Elacqua
--
Sub-director
Centro de Políticas Comparadas de Educación
Universidad Diego Portales
56-2-676-8535
56-09-6-206-5993
www.cpce.cl
Para promover la elección por parte de las familias, el Presidente va a enviar una carta con un mapa de los resultados de todas las escuelas de la comuna del colegio de todos los apoderados del sector subvencionado.
Más alla de si la medida es ideológica o no - incluso creo que es muy sensato mejorar la información para los padres dado que Chile tiene un sistema de mercado educacional que los padres valoran - el problema fundamental es el detalle de su propuesta.
Ayer el Ministro de Educación anunció cómo van a entregar a los padres los resultados de SIMCE para mejorar sus elecciones. Según señala, "el mapa indicará la ubicación de todos los colegios de la comuna correspondiente y, en base a colores, los resultados de la prueba Simce. Se asignarán puntos rojos a los colegios que estén bajo el promedio nacional, puntos amarillos a los que estén en el promedio y puntos verdes a los establecimientos que se encuentren sobre el promedio nacional." Ver www.mineduc.cl
El problema es que el promedio del SIMCE no es un buen indicador de la efectividad de una escuela porque, sobre todo, está altamente correlacionado con el nivel socioeconómico de los alumnos del establecimiento (y otros factores externos de la escuela). El Ministerio va a pintar rojo (y estigmatizar) a los colegios "malos" por atender a alumnos más pobres (o menos motivados) y sugerir que son menos efectivos que otros que son menos pobres y más aventajados (o más selectivos). Cuesta entender por qué el Ministro decidió usar promedios y no crear otros indicadores (que son menos ruidosos) que muestran el progreso del establecimiento. Por ejemplo, podría haber usado la clasificación de la Subvención Preferencial (o lo que propone la ley de aseguramiento de calidad) que intenta controlar por NSE y mira el progreso de la escuela.
Otra medida complicada que vale la pena destacar es el otorgamiento de premios e incentivos para aquellos alumnos, escuelas y profesores que logren mejorar notoriamente sus rendimientos en el SIMCE.
El problema con usar SIMCE para asignar recursos y premiar escuelas y docentes es que no es un instrumento preciso. El público (y parece que el Ministro Lavin) cree que SIMCE tiene alguna validez científica, como un termómetro, que no la tiene. SIMCE (como todas las pruebas) tiene un margen de error, similar a las encuestas de opinión pública. El mismo alumno puede lograr distintos puntajes cuando toma la misma prueba en distintas oportunidades. Este ruido estadístico puede afectar el puntaje de un curso (o una escuela). Por ejemplo, si un grupo de alumnos está resfriado el día de la prueba, o si un perro ladra afuera de su sala de clase durante la prueba, o si el profesor no tiene buena química con el curso. En suma, muchos factores que no tienen nada que ver con la efectividad de la escuela pueden afectar el cambio del puntaje del SIMCE.
Y si se va a utilizar SIMCE para asignar recursos, los expertos indican que las escuelas (y cursos) deben tener un mínimo número de alumnos (ojala sobre 40) por cohorte para poder reducir el ruido estadístico entre pruebas. Si no, aumenta el riesgo de clasificar mal a las escuelas y profesores. El problema es que la mayoría de las escuelas en Chile son chicas. Hay un paper publicado en American Economic Review por Miguel Urquiola y otros economistas que ilustra el problema con los programas focalizados en Chile que usaron el SIMCE para clasificar las escuelas deficitarias.
http://www.columbia.edu/~msu2101/ChayMcEwanUrquiola%282005%29.pdf
También hay otro paper de Urquiola, Mizala y Romaguera publicado en otra revista de Economía que también muestra los problemas con usar el SIMCE para rankear escuelas.
http://www.columbia.edu/~msu2101/MizalaRomagueraUrquiola%282007%29.pdf
También ver el paper más reciente de Jesse Rothstein, economista de UCBerkeley, sobre los problemas complejos con usar pruebas como SIMCE para medir el valor agregado de profesores. Rothstein sostiene que, como los profesores y alumnos no son asignados aleatoriamente a sus cursos, es muy difícil atribuir el logro de una prueba a la efectividad del profesor.
http://gsppi.berkeley.edu/faculty/jrothstein/jesse-rothstein
Este tema requiere mucho mayor reflexión y análisis.
Gregory
http://www.cpce.cl/educar/
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Un mensaje ideológico
Carlos Peña
El discurso del 21 de mayo dejó ver el puñado de ideas que, simplificadas a más no poder y bajo la forma de ideología, orientan a la derecha.
Desde luego, está la convicción de que si usted remunera una cierta conducta, la gente tenderá a realizarla. La muestra más notable, y cercana a la caricatura, de ese prejuicio (cuyo origen está en la economía neoclásica), fue el anuncio de un bono para quienes sostengan su matrimonio por medio siglo. ¡Piñera presentó la idea como una forma de promover la familia!
¿Habrá alguien que piense, de veras, que ese bono ayudará a disminuir eso que Baudelaire llamó el "horror doméstico"? ¿Alguien que a la vista de un bono pueda tolerar el hastío con que la vida lo maltrata? El anuncio de Piñera fue un ejemplo de cómo una buena idea (la de usar incentivos en las políticas públicas) puede ser transformada por el apuro retórico en una simple estupidez.
En materia de educación apareció otro de los rasgos ideológicos que inspiran a Piñera.
La derecha piensa que la buena educación depende, en una medida importante, de la elección familiar. Es la vieja idea de Friedman: si usted tiene un mercado abierto de proveedores educativos y deja a la gente escoger, los padres sancionarán las malas escuelas y matricularán a sus hijos en las de mejor desempeño. Esta idea inspiró parte importante de los anuncios educativos de Piñera.
Parece una idea sensata, pero a poco de analizarla se descubre un error. Como la literatura muestra hasta el hartazgo, la familia es una de las principales causas de la desigualdad escolar (puesto que la familia transmite redes, capital cultural, habitus y ese tipo de cosas). ¿En virtud de qué la causa de un problema podría ahora, repentinamente, transformarse en la solución? La famosa frase del Parsifal -la mano que inflige la herida es la misma que la cura- no se aplica desgraciadamente en educación.
La idea de los liceos de excelencia muestra también otro rasgo ideológico de interés.
Es verdad que si existieran colegios de excelencia habría una mayor cantidad de alumnos talentosos y sin recursos que podrían aspirar al éxito (medido por su acceso a cupos universitarios valiosos). Pero ocurre que una medida como esa -que Piñera anunció- simplemente descremará al sistema público: concentrará, mediante la selección por rendimiento, a los más talentosos y resilientes, y aislará a los más deprivados; dará a los que tienen y quitará a los que no tienen. ¿En qué sentido una medida como esa corrige la desigualdad? Sólo si usted piensa que el rendimiento escolar es producto de la voluntad del alumno (y no, en su mayor parte, reflejo de dotaciones involuntarias) esa es una medida justa.
En fin, el tema de la seguridad pública mostró otra característica de la ideología que inspiró el discurso.
La derecha piensa que una de las claves del incremento de la inseguridad es la existencia de demasiadas garantías. Entre ellas se contaría la defensa penal pública. ¿Acaso -parece preguntar Piñera- no es el colmo que el Estado financie la defensa de quienes delinquen y en cambio deje indefensa a las víctimas? Es lo que subyace en el anuncio de la creación de una defensoría de las víctimas.
Ese punto de vista descansa en un malentendido. El Estado ya financia la persecución penal (esa es la tarea de la fiscalía). Y cuando paga la defensa de los imputados lo hace para legitimar el castigo. El Estado de Derecho consiste en eso: en respetar con escrúpulo las reglas a la hora de aplicar la coacción. Así, entonces, no es que el Estado esté del lado de los delincuentes (como sugiere Piñera cuando anuncia que ahora se pondrá del lado de las víctimas). Simplemente está del lado de la ley.
Y no hay pragmatismo que pueda relativizar eso.
Pero si esos anuncios muestran los rasgos ideológicos de la derecha, hubo un gesto que los subraya hasta el hartazgo: junto a la tontera de las bodas de oro, Piñera guardó silencio sobre las parejas gay. Un buen gesto para el conservantismo, pero un engaño para todos los interesados en las libertades, quienes, creyendo lo que oyeron en la campaña, votaron por él.
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Gregory Elacqua
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Sub-director
Centro de Políticas Comparadas de Educación
Universidad Diego Portales
56-2-676-8535
56-09-6-206-5993
www.cpce.cl
